domingo, 26 de agosto de 2012

Kinotos en almíbar


Una vida de pruebas acompañada por el Espíritu Santo.

 

Los kinotos son unas pequeñas frutas muy especiales, mientras están recién sacadas de la planta, y sin procesar, presentan un color naranja fuerte, buen aroma, pero, si las mordemos, llega un sabor ácido y amargo que no las hace apetecibles. Si les damos un hervor, se ablandan y van perdiendo parte de esas esencias ácidas y amargas. Luego las continuamos hirviendo en almíbar y el almíbar se va metiendo por dentro de los kinotos ocupando los vacíos que  quedaron. Ahora ya se ven los kinotos brillantes  y endulzados con el almíbar como si fuera un caramelo que los envuelve. Así se transforman los kinotos en un manjar exquisito que todos desean probar. 
Lo mismo pasa en la vida de la persona que está pasando por pruebas: una vida amarga, dolorosa, dura y difícil de sufrir. No da ganas de seguir viviéndola. Pero todo se cambia si tenemos la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, porque, como los kinotos...nos transformamos.

Un día, recibí la noticia de que mi pequeño hijo de 5 años moriría de cáncer. Todas las que perdimos un hijo sabemos que cosa tan cruel es esta. Para mi fue la noche mas amarga de mi vida, porque nada podía hacer por él. En medio de mi llanto, busqué a Dios, sin saber si era real o no, y le ofrecí mi vida por mi hijo. El la tomó. No como yo pensaba en mi ignorancia. Sentí su paz, su abrazo, se secaron mis lágrimas y yo, que no conocía la Biblia, tuve un pensamiento:"Bienaventurados los que lloran porque recibirán consolación".El Señor había llegado a mi vida, esa era una palabra rhema para mi, una palabra especial. Y  cambió mi vida. El problema seguía existiendo pero el almíbar del Espíritu Santo ya estaba llenándome, endulzándome, trayéndome paz y gozo. Y luego esto paso a toda la familia. Todos fuimos salvos.
Años mas tarde, también mi esposo enfermó de cáncer y partió con el Señor. Y el Espíritu estaba sosteniendome, llevándome de la mano, con esperanza y fuerza renovadas en el corazón.
Me ha tocado vivir en pobreza, en soledad, en incomprensión de mi familia por creer en Dios....Pero mi vida es una vida victoriosa. Soy una mujer  victoriosa porque el Espíritu Santo se encargo de mi.   

Mujer: si te ha tocado una prueba, o varias, no dudes un segundo: busca el almíbar del Espíritu Santo, que te hará brillar, estar reluciente, endulzada, llena de vida.
El Espíritu Santo nos acompaña, nos  fortalece, nos da sabiduría, actúa en favor de nosotras, nos guía a las soluciones, siempre nos ama.
El Espíritu Santo nos da victoria sobre las pruebas.

"La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, sean con todas vosotras. Amen"2 Co. 13:14


Alicia  García

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